FRAGMENTO DE MI NO NOVELA Biografía de una sospecha

 

 

FRAGMENTO DE MI NO NOVELA Biografía de una sospecha 

ImagenTambién podría titularse (Confesiones de un agente secreto)

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“Todos somos culpables de nuestra inocencia y todos somos inocentes de nuestra culpa”.

 Miguel Barnet

 

“Todo amor, al final, es moderadoNadie lo acompañará a uno.”

 J.M. Coetzee. Diario de un mal año

 

 

 ¿Es cierto que eres un espía cubano infiltrado en España?  ¿Sí o no?, ¿sí o no?… Madrid. Urinarios de un restaurante. Una fuerte ventolera entró removiéndolo todo. Se desclavaron los pestillos en busca de nuevas puertas que cerrar. Se vaciaron los cestos y un enjambre de mariposas sucias y pestilentes revoloteó multiplicándose en pleno vuelo. Llegué como pude hasta el yo de azogue que me imitaba desde un espejo enorme, y me pegué a él…

 Era la presentación de un libro de varios autores, entre los que me incluían. Me parecía increíble ver mi nombre impreso junto al de escritores españoles que había leído y admirado desde Cuba. Aunque no se tratara del cumplimiento de un sueño, lo gozaba con el mismo arrebato que me provocan mis lugares favoritos: el platanal de mi casa, el parque La Güira y el Valle de Viñales, en Pinar del Río.

 …Seguía pegado a la superficie brillosa. Con cuidado, fui mirándome de guilletén a ver si realmente tenía alguna pinta de agente secreto. Hasta donde pude verme, no descubrí ninguna imagen que me hiciera sospechar de mí. La tarde transcurría entre risas y anécdotas, dedicatorias de los cuentos de unos autores a los otros, chistes que subían de tono junto con el vino, la foto colectiva y preguntas de los periodistas. Era un almuerzo literario dedicado a la prensa, oportunidad única para un autor novel e inmigrante. Un acontecimiento inolvidable para un guajiro pinareño. Pensaba en eso cuando otra bocanada de aire usado manoseó mi nuca: ¿Sí o no? ¿Sí o no? ¿Sí o no? ¿Sí o no?…

Era el editor de mi libro colectivo, que insistía en una respuesta inmediata. Puede que no todo comenzara aquí, pero este encuentro a cara descubierta con la sospecha cubrió de sombras el resto de mis años en España. También me regaló la primera lección a aprender en el capitalismo: El cómo nos ven los otros es la mitad de cualquier existencia.

 

Desde el útero se oye todo: ahí nos viene la hembra que tanto deseamos tener. Nada más dictar esta sentencia, el padre separó su mano del vientre de la madre. Pero el hijo, como no estaba vivo por completo, no podía convencerlos de nada. Ni él mismo sabía con certeza su sexualidad. Era solo un embrión. La sospecha de lo que sería al llegar al mundo había nacido antes que él.

Por si nacer con esa carga fuera poco, veinticuatro horas después de defraudar a su progenitor, el recién nacido fue prácticamente devorado por un gato. El angora de su abuela materna, nada más verlo convertido en el preferido de los mimos de su dueña, quiso quitárselo de en medio. Agazapado tras unas cajas de zapato en lo alto del escaparate, acechó la cuna durante un buen rato. Cuando el diminuto bebé quedó acurrucado bajo el mosquitero de tul, el felino, con el sigilo que le es característico, se lanzó a toda velocidad sobre él.

La madre, con su intuición a cuestas, regresó a la habitación para comprobar si el mosquitero del niño estaba debidamente cerrado. El enorme gato deshacía con sus garras la crisálida en que quedó convertida la criatura dentro del bulto de tela blanca. La poderosa cabeza del angora se meneaba de un lado a otro, apartando jirones de tul embarrados de sangre.

Gracias a la gritería y la corredera que se formó a tiempo, el bebé sobrevivió a los terribles arañazos y mordiscos de la mascota familiar. Fue considerado casi un milagro que saliera vivo de ese primer y cruel ataque que le tenía preparado la vida. Había nacido dos veces en menos de cuarenta y ocho horas. Por ello, el resto de sus cumpleaños los celebrará agregándole un día a su fecha real de nacimiento.

  …¿Sí o no? No diré nada a los periodistas que están allá fuera comiendo con nosotros, te lo prometo, quiso cuidarme el editor. Pero seguía esperando una respuesta.

De la risa que me entró, apenas pude articular palabra alguna. Él no se contagió. Perdona, continuó muy serio: No sé qué te provoca tanta gracia, un periodista de prestigio, en quien confío mucho, acaba de llamarme por teléfono para decirme que eres un agente cubano infiltrado en España, ¿y tú te descojonas?

 Le escuchaba impávido. Su rostro no dejaba de custodiar el mío. El periodista tiene, siguió insistiendo mi editor, información de primera mano que demuestra que trabajas para los servicios secretos cubanos… Solo dime sí o no.

Pues mira, chico, sí y no, contesté entre risas, seguro de que todo quedaría en lo que realmente parecía: una broma de mal gusto. Retrocedió unos pasos como si yo apestara. Mira… Me le acerqué un poco y dejé caer mi brazo sobre sus hombros. Si te digo que no soy ese agente secreto que tú y tu amigo dicen, me vas a creer igualmente que si te digo que si… Dudó sin dejar de escudriñar en mis ojos. …Pues lo otro que me queda decirte es que me da igual. Él seguía en silencio .Pero dime una cosa, quise averiguar, “¿y cómo es él?, ¿en qué lugar se enamoró de mí?”, bromeé tarareando el famoso estribillo. No te puedo decir, reaccionó muy serio el editor. ¿Ah no?, pero si va regando eso de mí por ahí tendré derecho al menos a saber su nombre, ¿tú no crees?, exigí. Vamos a dejarlo ahí, quiso cerrar en falso. Está bien, acepté, pero la próxima vez evita convertirte en altoparlante de calumnias como esa y así no tendrás que dar explicaciones de su procedencia a nadie. Sobre todo si no tienes cojones para hacerlo, cerré dándole la espalda, y ya muy serio.

Solo te diré una cosa de él: No es de origen español. Le escuché decir en off y me detuve en seco, volviéndome hacia él. Confórmate con eso, cortó cuando vio que le miraba fijo a los ojos. No se atrevió a mirar a los míos ni a los del espejo que nos reproducía juntos. El azogue y yo lo observamos lavarse las manos con desesperación.

Me le acerqué por detrás. Le hablaba al editor de cristal, que tampoco me miraba: Un periodista serio, sea de donde sea, se cuidaría muy mucho de hacer rodar ese tipo de bolas por ahí, porque al final suelen volverse en dirección opuesta para ir a estrellarse contra sus propios lanzadores. Y mira, que me ocultes su procedencia hace que la pueda imaginar con mucha más certeza.

Era evidente que al editor no le interesaba mi discurso, continuaba aferrado a la sospecha. Este desinterés suyo por conocer mi verdad hizo que yo también perdiera el mío por la identidad del calumniador. Mi viaje era otro: hacia mí mismo…

 

 

 

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Categorías: "A CAMISA QUITÁ", NO SOLO ANDANDO SE QUITA EL FRÍO | Deja un comentario

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