QUITO NOS COLOREA (texto de paso)

collage quito1Quito, además de lo que creemos saber o sabemos, es una ciudad que desmiente cualquier cliché. Toda ciudad es de uno cuando has amado a alguien en ella, juraba Durrell, cuando hablaba de Alejandría. Yo, por si acaso, también amé mucho en Quito. Ya no. Amé a alguien que no amó Quito, y sin embargo sigo aquí. Sin embargo. Pero es cierto que Quito no es un amor a primera vista. Es de esos otros que se cuelan cuando apenas los mira y que cuando vienes a darte cuenta, lo tienes dentro. De nada sirve lo aprendido por uno mismo o a través de otros. Este Quito descubierto por uno es nuevo, más real, y para los adentros de cada cual. Y no hablo de un amor desmedido que responda a eso que llamamos amor ciego. No. Mi amor es diurno, a la luz del sol, teñido de colores. Quito es una ciudad llena de defectos como todas, y que trata cada día, eso se palpa hasta oficialmente desde lejos en los discursos, en las nuevas leyes, en el nuevo look de las instituciones públicas y privadas, dejar claro que la modernidad no tiene que ser aburrida y gris. Aunque se imite a los aburridos y a los grises. Uno puede estar más o menos de acuerdo con ciertas medidas que afectan la vida cotidiana, pero visto lo visto, es preferible al caciquismo liberal, por llamarlo de alguna manera, y liberal en el peor sentido, que permitía corruptelas primitivas, arcaicas, propias de un país pobre. Hoy eso ocurre cada vez menos.

Nada tiene que ver esta ciudad con la imagen que uno trae enquistada de Europa. Esta ciudad está llena de gente moderna, con miles de puntos en contacto con esos otros que consideramos “mejores y modernos” en Europa, por ejemplo. El que crea que Quito vive solo del poncho, la sirvienta ecuatoriana que pasea al abuelo blanco europeo por el parque del retiro los domingos, se equivoca. Aquí existe una majestuosidad nueva. Un empujón nuevo hacia la vida limpia, bonita, legal y activa. Funcional. Se logra más o menos, pero se intenta cada día. Ese latido es al menos lo que creo vivir. Cualquier cosa es nueva, diferente, curiosa, sí, porque culturalmente falta, ¿pero acaso no es eso mejor que la soberbia ignorante de creer que todo está hecho y dicho “en nuestros países azules”, como le llamaba Martí? Yo al menos prefiero el latido de lo inacabado, de lo por hacer, que el aburrimiento de lo hecho, de lo dado, de lo consabido, de lo clásico y cómodo, de lo muerto… Y no es que niegue el valor de lo que nos da Europa, lo que niego es la creencia y la soberbia de que si no es allí, no es. Eso solo lo creen los “paletos”, los poco viajados, los cegatos culturales.

La belleza de esta ciudad, además de sorprender por su arquitectura moderna, de muy buen gusto, admirable desde muchos puntos de vista y todo un ejemplo para, por ejemplo Madrid, que ha crecido tan fea, tan igual, tan uniformada de ladrillo visto, radica, la belleza de Quito, decía, en aprovechar los materiales nacionales rediseñando su uso y sus formas, actualizándolos. Lo mismo ocurre con el interiorismo, con las calles, con el mismo concepto de la vida. Quito tiene hasta su Festival de cine gay, El lugar sin límites, que acaba de celebrarse a sala llena. Un paseo por la plaza Foch, dejando a un lado la parte turística y los clichés que se sirven en muchos de sus sitios, es como dar una vuelta a cualquier plaza de Amsterdam, por utilizar este ejemplo como positivo para los incrédulos. Quito tiembla, y ese temblor se mete dentro, lo reaviva a uno, lo impulsa, lo estimula, lo colorea. Y en estos tiempos grises, es de agradecer. A algunos amigos les sorprenden que me guste estar aquí, vivir aquí. sin saberlo, lo hacen desde el prejuicio con el que se mira desde Europa este continente, este país. Pero me gusta precisamente por eso que ellos creían el motivo principal para que no me gustara: por haber vivido tanto tiempo en Europa, por haber viajado y conocido algunas partes del otro mundo. Viajar debe servir para enriquecer, abrir, no empobrecer la mirada ni cerrar los sentidos. No le exijo a Quito lo que a Madrid, París, Amsterdam o Londres, le exijo lo que Quito puede darme.

Y no solo Quito, este es un país para descubrir, para mirar y abrirse a él con la sabiduría de lo visto, de lo vivido, sí, pero con la capacidad de dejarse llevar sin prejuzgar, sin perderse las sorpresas que puede dar y da. Un país para respetar y disfrutar como si uno fuera un lienzo en blanco o sin terminar, y dejarse colorear.

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Categorías: NO SOLO ANDANDO SE QUITA EL FRÍO | 2 comentarios

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2 pensamientos en “QUITO NOS COLOREA (texto de paso)

  1. “Una ciudad es un mundo cuando amamos a uno de sus habitantes”. Creo recordar que esa es la frase exacta que Durrell pone en boca del narrador de Justine. Amo esa tetralogía. Aunque no tanto como a ti.

  2. cuba-madrid

    Empieza a hacer efecto la ciudad sobre tí, a ver si eso se traduce en literatura que estoy deseando leerte de nuevo. besos grandes, que bien que se recobran las ilusiones perdidas

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