“Otrito” articulito sobre Quito y unas preguntitas

collage quito blog ecovia

Ayer en Quito, a las 6 de la tarde, en plena hora punta, me robaron el dinero de dos días de trabajo y el iPhone. Fue en la “Ecovía”, transporte articulado que usa un carril exclusivo. Iba a tope. Me di cuenta del robo por la mirada del ladrón al bajarse. Con las puertas del aparato en cuestiónn ya cerradas, las abrí en el último momento y corrí tras él. Grité ayuda hasta la saciedad a la multitud viandantes. Nada.

Hoy, más tranquilo, asimiladas la impotencia, la frustrante pérdida y el desamparo social, lo veo como un plano cinematográfico subjetivo, en los que el espectador ve por los ojos del actor. Tras una sofocante carrera de cinco cuadras, el ladrón desapareció en el mar de coches y gentío que copa las avenidas quiteñas a esa hora de cada tarde. Casi a punto del desmayo, sin exagerar, desesperado, aturdido, serpenteaba entre la gente gritando que lo pararan, que me ayudaran a atraparlo con un simple traspié, que ese individuo me acababa de robar… Nada.

Los rostros impávidos por entre los que perseguí al ladrón, me asustaron tanto como el robo mismo. Nadie dijo ni hizo nada en el país del diminutivo dulzón: “No sea malito, ayúdeme a…, ayúdeme con…”. Se lo oyes decir a un funcionario en cualquier ventanilla de una institución, al dependiente de un súper que quiere arramblar con el cambio de suelto que tengas, a una señora que en el semáforo quiere venderte limones. Y: “Otrito”, por otro. “Aquisito”, por aquí. “Ahorita”, por ahora. “Allasito”, por allá. “Pallasito”, por para allá… y una infinidad de términos machacados por una sumisión léxica como el heredado “mande” cuando interpelas a alguien y no te entiende a la primera. Al principio provocan gracia, luego dudas de su verdadera naturaleza y bondadosa. Vaya la aclaración políticamente correcta, pero sincera, de que por supuesto, he conocido aquí gente maravillosa, muy generosa y culta, clara, diáfana, moderna en el mejor sentido… Pero es que algunos de estos diminutivos engañosos le había escuchado pronunciar al ladrón en una “conversa” momentos antes del robo, con alguien con quien se encontró en el tumulto favorable al hurto.

Los viandantes, decía, miraban impávidos como estacas. Mis gritos de auxilio, mi desesperación y la celebración de una injusticia les fue totalmente indiferentes. Temían que el ladrón llevara una pistola o un cuchillo dentro de la mochila de la que no sacó nunca una de sus manos? O realmente no querían buscarse un problema por un, en definitiva, extranjero raro que gritaba y corría desesperado? Denuncié el robo a la policía y a las autoridades de la Ecovía. Dijeron que las cámaras que tienen en la estación no alcanzan a filmar todos los ángulos y que no pueden identificar al ladrón. Todo quedó ahí.

La sociedad ecuatoriana cambia a velocidad vertiginosa. Para bien sin dudas. Se nota en lo impecable de sus instituciones públicas, que han pasado de la máquina de escribir y los mochos de lápiz como todavía en Cuba, y de la inmundicia en sus pasillos hace apenas cinco años, a una limpieza y un trato, diminutivos incluidos, mejoradísimos. También en el estilo refinado y ultramoderno de los negocios privados.

No solo en París y Madrid, el negro es el color estándar de la mayoría para uniformar una elegancia y una modernidad que los sume a la masa, que los desaparezca tras una falsa discreción… No, también Quito es una capital negra. Los ejecutivos, las funcionarias, los jóvenes en las discotecas, los empresarios… Todos visten un negro impecable, suavizado con tonos de grises y blanco. Esa monocromía occidental, ese pretendido minimalismo, esa discreción aparente con la que pretenden ser seres actuales, limpios y, sobre todo, demostrar pertenencia a una clase social superior, es el reflejo de una apatía y un egoísmo interno, parte también del individualismo enguantado de occidente? Los roerá aun más cuando esta sociedad continúe creciendo en este período de bonanza latinoamericana y papal, frente a la tradicional soberbia europea y estadounidense, que hoy, quién lo diría?, los envidian y miran por primera vez a la cara. Europa y EEUU ensayan ya el uso del “No sea malito” y de los diminutivos apropiados para intentar echar garra a lo que durante siglos despreciaban: al indio, al latino, al “sudaca”. Hasta el diario El País ha anunciado una edición especial para Latinoamérica, tras la elección de un “Papasito” de por acá.

Con la pose de la modernidad latina viene también su mirada por encima del hombro, palpable a diario, y disfrutada por primera vez en siglos tras ser vistos y tratados como seres inferiores con poncho en todo el mundo desarrollado. Con este otro boom latino disminuye también la dosis de humanidad que antes se le criticaba a los soberbios desarrollados? Quizás diminuyan también los diminutivos que esconden detrás una mentira, una pistola o un cuchillo.

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Categorías: "A CAMISA QUITÁ" | 1 comentario

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Un pensamiento en ““Otrito” articulito sobre Quito y unas preguntitas

  1. Begoña

    Lo siento muchisimo mi niño otra vez estaras mas atento. Un beso

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