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ABAJO LOS SÍMBOLOS

 

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Qué aburrido! Últimamente he recibido en este blog comentarios y mensajes extraños sobre mi documental WALDO BALART EN CONCRETO, al pintor cubano-español Waldo BALART, cuyo apellido completo, Díaz-Balart, es un símbolo de enemigo en Cuba. Quizás por eso.

 Yo, aunque no soy ni quiero y por suerte no he sido símbolo de nada, creo, sí soy miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba revolucionaria (también un símbolo), y ex combatiente internacionalista en las trincheras africanas en Punta Negra, Congo, y en Luanda. Y soy graduado de Periodismo por la misma Cuba verde olivo. Símbolos del símbolo. Quizás por eso.

 Pero mi documental no lo inspiró ese simbolismo heredado, ni otros nuevos, sino la obra y el artista que es este Balart. Ya hablé de ello en mi artículo Waldo Balart en concreto: conversación con el ene(a)migo, publicado en Café Fuerte en 2012. Pero no basta. Quizás por eso. 

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He usado el término extraño para referirme a los comentarios y mensajes que dan origen a esta entrada porque son realmente oscuros. No por que se hable mal de mi documental, que ni eso, es que dejo de publicarlos. Aprendí enseguida que los periodistas, escritores, cineastas, pintores…, a diferencia de otras profesiones, publicamos nuestros errores. Y a ello me expongo con gusto. Escribo, filmo, pinto… para que sea leído y visto a todo riesgo. También para quien quiera criticarlo dando la cara. Eso primero. Para ellos tienen los ciber ladrillos de mis muros esperándolos.

Los que escriben ocultándose tras imágenes satánicas,  y nick amenazante no cuenten con la publicación de sus insultos en ninguno de mis soportes.
Por el estilo y la naturaleza de los mensajes, es más que evidente su tufo pseudo político. Hoy aprovecho para comentar limpiamente, sin afán de limpiar ni justificar las intenciones de mi obra ni sus defectos artísticos, el hecho de que con ella quise detenerme solo en la segunda parte de este apellido-símbolo: ART. No en la primera: BALA.

El documental tiene además, como muchos documentales, algo de justicia. Eso lo salva. Así como a la altura de 1996, ninguna institución culturosa-revolucionaria le había hecho uno a la vedette de Cuba Rosita Fornés en nuestra isla símbolo, hasta que tuve la suerte de dirigirlo en una producción de su propio yerno, José Antonio Jiménez, al Balart artista nadie le había hecho ninguno en la diáspora.

 Ambos documentales se han exhibido en Miami, otro símbolo. El de la vedette, también en La Habana. Lástima fuera. El del pintor por supuesto que allí no. Pero como no podía ser menos, sí en las sedes de la Fundación Bacardí y en la Fundación Cubano Americana en Miami y Madrid. Si bien los enfoques políticos de ambas fundaciones dista mucho de los míos, he de reconocerles que ninguna de ellas puso reparo en proyectar la obra  de un miembro de una institución símbolo de cultura verde olivo como la UNEAC.

Como tampoco el hecho de que disto mucho del enfoque político de los Díaz-Balart  ha impedido mis largas veladas con el pintor en su estudio madrileño, en las que disfrutamos hablando del arte y de la vida. Más de la vida. No hago estas aclaraciones por conveniencia ni miedo a ningún bando, sino por reales y transparentes. Soy un exhibicionista empedernido, no solo físicamente, sino también por dentro. El autor de estos mensajes oscuros no sabe que el maniqueísmo y la oscuridad ideológica y el silencio político impuestos es peor que las diferencias que puedan existir entre los dos símbolos asimilados durante décadas como antagónicos y por ello letales el uno para el otro.

En la diáspora más de uno/a también gritó: Este comunista que viaja a Cuba cada año es el director del documental? Pero al menos lo hicieron dando la cara. Prefiero los defectos y desparpajos y riesgos y excesos de las democracias que las “perfecciones” obligatorias de las dictaduras. Visto lo visto y vivido lo vivido, sean estas del proletariado o de las más extremas derechas católicas. Los extremos las hacen coincidir tristemente en la implantación de las peores prácticas contra las diferencias de todo tipo.

La historia, esa muda momentánea en los presentes, se encarga siempre de gritar a voz en cuello en los futuros los egocentrismos e intereses personales y zafios de los que gobiernan imponiendo la máscara y el silencio y los nick satánicos satélites. Mi pequeño y cero pretencioso documental a mi ene(a)amigo, viene a dejarle claro a los dos cosas: lo absurdo y poco eficaz de los extremos y que el arte es una patria (otro símbolo impuesto) donde al menos podemos coincidir todos. Todos.

Un día dejaremos de ser símbolos y viviremos libres del maniqueísmo político y social que nos ha convertido en ellos. Mientras eso llega, que llegaré, el gusano y el combatiente se toman muchos vinos sin odiarse. 

Bostezo.

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